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lunes, 23 de febrero de 2015

Hipermnesia

21/02/2015


Algunas veces, en algún lugar, de repente me comienza a fallar la memoria. Por ciertos momentos, no identifico en qué lapsus de tiempo me encuentro, “pasado”, “presente”, “futuro”, todo es tan relativo en una monotonía asesina que recorre mi ser y lo deja tan confundido y en la absoluta nada.

Es difícil hacer entender a los demás el por qué, en fracción de segundos, una plática deja de tener el menor sentido para mí. Cómo de la nada, cambio de tema drásticamente y no poder fluir en la misma conversación que dos segundos atrás era tan intensa y congruente.

No es nada sencillo tener que explicarle a cada persona que me pregunta, por qué me vuelvo el más serio e irritable en los lugares más alegres, y por qué no puedo contener una carcajada y ser el más inoportuno en los sitios donde demuestro, que la cordura es lo que más me falta.

Yo creo que cuando la memoria me falla es cuando vuelvo a ser feliz realmente, o mejor dicho, es cuando hago un contacto real, con los sentimientos que me aturden y juegan bromas pesadas como las que menciono.

A veces me falla la memoria, pero no es esa falla de “no sé en dónde estoy”, “¿Cómo llegué aquí?” Sé en dónde estoy y sé cómo llegué aquí, eso lo tengo claro. Pero esas veces que me falla la memoria es al mismo tiempo lindo, raro y doloroso. Porque, cuando me falla la memoria, todo se deja caer de golpe, y no puedo parar de recordarte.

Escritos de un prosaico pseudo enamorado.

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